Un dulce error. Parte 2

Puedes tener tantas cosas claras sobre algo que tienes, sobre algo que crees que es tuyo para siempre, las palabras alimentaran siempre eso que quieres mantener pegado a ti y las escribes fuertemente en la piedra para que no se borren, pero al final los hechos acaban golpeando la roca donde estaban escritas y de todas esas florituras que adornan los versos se borran y solo queda la verdad que te empeñabas en disfrazar.

Después de eso, estás tú, con tu verdad recién descubierta y sin saber qué hacer con ella, como cobardes y locos que somos todos lo primero es echarle la culpa a otro, pero no ves nadie más allí, podemos echarle la culpa a tal Dios, no se queja, no contesta, pero sí que escucha dicen, te recompones por un momento. ¿Pero cuánto puedes aguantar hablando con alguien que no contesta?
Mientras esas palabras te siguen aguantando la mirada, te retan a escucharte, pero no quieres oirte, solo quieres encontrar una explicación en la cual todo esto tenga sentido, entonces llegas a la conclusión de que es tu error y que siempre va a estar escrito allí, y si alguna vez consigues enterrarlo, el mundo se encargara de recordártelo.

Cometí un error, decirle sin apenas conocerla que era la mujer de vida, todo lo que siempre había deseado, que me encantaba todo de ella, cometí el error tan grande de creer que era quien yo quería que fuera y lo peor de todo es que ella no fue la única engañada, yo también me creí mis mentiras. Competía contra mi yo del día anterior por superarlo, pero no por mi mejora personal, sino por ella, por miedo a perder esa pasión sin corromper que acompaña esa tierna edad, ella también tenía miedo a perderme, así que supongo que prefirió perderse en sí misma y yo allí no podía llegar, le extendí la mano para ayudarla a salir, pero si no me quiso coger la mano fue decisión suya y yo estaba harto de esperar a las puertas de su alma que volviera esa niña loca que me hizo desafiar mis principios.

Así que me fui y no le guardo ningún rencor la verdad, ni jamás le deseare ningún mal, ya que en cierto modo debería darle las gracias, aprendí que lo importante no es lo que a uno le pasa, si no lo que hace uno mismo con lo que le pasa, aprendí que puedo querer mucho, pero que más me quiero a mí, ya que sin mí no puedo querer a nadie.

ByJG

Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.

Deja volar tu imaginación ¡Exprésate!

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