La sonrisa de Susana, Parte 2

Unos labios carnosos y bien dibujados por la pluma de algún ángel talentoso, que mientras iban avanzando de la mano del cuerpo que lo acompañaba se convertían en el origen del big bang de mis emociones.

¡Hola, Soy Susana! –dijeron esos labios.

Cállate y bésame sugirió decir mi inconsciente, por suerte aprendí a lidiar con él hace tiempo, aunque esta vez estábamos realmente de acuerdo. Tuve que responderle con algo, así que hice gala de lo peor que podía hacer, me saque cortésmente mi ficticio sombrero y le bese la mano, despertando su curiosidad y una sonrisa aún más amplia.

Estaba claro que esa chica sabia bailar más que yo (tampoco es que fuera un logro encomiable) y no sé qué hacía en clases de inicio, me picaba la curiosidad la verdad, los temas para hablar con ella me asaltaban la cabeza, quería conocer su historia, todos tenemos una al fin y al cabo y yo quería saber la de Susana. No estaba prestando atención a los pasos, ni sintiendo la música, ni a los números y no había venido para eso.

Llego el turno de cambiar de chica y la sonrisa de Susana se perdió entre la gente, llámalo profesor Samuel o destino, uno de los dos no quiso que volviéramos a bailar ese día, entonces la clase y mi arresto de no poder hablar terminaron. Salí por la puerta estrecha puerta del vestíbulo y allí estaba ella manchando de carmín un cigarro sentada en las escaleras, ella se giró para ver quien interrumpía su “momento piti” y nuestras miradas se cruzaron de nuevo, esta vez porque queríamos nosotros, ella sonrió de nuevo, pero por algún motivo que desconozco su sonrisa esa vez no hizo efecto, llegue al coche y me detuve a subir justo al colocar la pierna derecha para dejarme caer dentro, pero, ¿Por qué? ¿No vas a decirle nada?

¿Fue un hechizo momentáneo, la luz de la sala, el momento perfecto en el lugar equivocado? Sinceramente no lo sé, creo que un poco de ambas, aun así no podía dejar pasar la curiosidad y me obligué a querer descubrir porque pase del infierno al polo norte, desande mis pasos y me detuve en el vestíbulo de nuevo, pero esta vez no me tenía que debatir entre Samuel o el destino, sin duda era este último el que no quería dejarme bailar de nuevo con Susana. No volví a verla en clase. Durante las siguientes clases me arrepentí de no haberme atrevido a descubrir lo que hacía especial la sonrisa de Susana.

A cambio me había llevado una valiosa lección, por cada vez que te pones una excusa para no presentarte a alguien te estás perdiendo a una posible mujer de tu vida, si lo es o no, solo lo dirá el tiempo, pero como vas a descubrirlo si tú ya tomaste la decisión de no querer averiguarlo.

ByJG

5 (100%) 1 vote

Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.