La máscara de Judith. Parte 2

La siguiente visita que hice al club de Open Mic, fue durante la presentación de un grupo novato que daba sus primeros pasos por el desconocido para mi mundillo de la música, esta vez me acompaño Lidia, una amiga del trabajo apasionada de estos espectáculos, que decidí invitar a venir.

La sala estaba un poco más decorada de lo normal, había mucha gente para un localito tan estrecho, unos cuantos estaban entusiasmados por el debut de sus amigos ante los escenarios y otros cagándose en todo lo cagable porque esa noche tardarían más en subir a taladrar al mundo con sus poemas de amores imposibles, corazones partidos y pajas a medio acabar.

Mientras tocaban su música, Lidia me describía lo que nuestros oídos escuchaban, mientras yo solo podía debatirme entre “me gusta o no me gusta”, ella veía un código oculto que yo no conseguía ver de ningunas de las maneras y eso le hacía gracia, los labios se le movían a la velocidad de la luz, gesticulaba como si fuese a dirigir el tráfico de toda la sala y yo la verdad me divertía viendo sus intentos por que mi oído encontrase un “nosequé bemol mayor”.

¡Escucha ese acorde, termina con un si bemol al final que…! –dijo Lidia, aunque al ver mi cara de no saber de qué diablos estaba hablando solo pudo decir…

¡Tienes el peor oído del mundo! –afirmo y además con toda la razón.

¡Cierto, a la mierda mi sueño de ser escuchador profesional de los bemoles esos, voy a buscar dos cervezas para intentar sobrellevarlo! –realmente creo que tendría futuro esa profesión.

¡Que escuchas música tan bien como bebes! –era su tercera cerveza ya, se notaba que estaba a gusto y en su salsa.

¡Idiota, ya no te explico nada! –que bien le quedaban los morritos de enfado a Lidia, se lo tuve que decir.

No me pongas esos morritos que estas demasiado besable, si no fuera porque realmente quiero esa cerveza yo… –y me fui a buscar las dos bebidas, al ritmo de su adorable gritito de “¡pero acaba la frase!”.

El camino de ida hasta la barra fue fácil, el de vuelta con las dos medianas y esquivando gente fue más complicado, así que decidí poner las medianas en alto, ya casi estaba en la mesa hasta que se chocó contra mí un moño despeinado que me resultaba familiar, bajé la mirada y efectivamente era Judith.

¡Vaya si es Miss Simpatía 2017, porque tengo las manos ocupadas si no le pedía un autógrafo! –le dije riéndome.

¡Tengo nombre imbécil! ¡Es Judith! –sigue siendo un encanto como veis.

Y yo tengo dos cervezas, no sé cómo se llaman las acabo de conocer, pero nos vamos a dar una vuelta, un placer volver a verla Miss Simpatía –y le hice una reverencia mientras me dirigía a la mesa donde estaba Lidia.

Lidia lógicamente pregunto quién era Judith, así que le explique que era una chica que escribía y subía al escenario a contar sus vivencias, el espectáculo principal había acabado hace escasos minutos y los nuevos artistas ansiosos de demostrar su talento iban subiendo al escenario, a destacar un chaval de aspecto desaliñado que se marcó el tema “Great Balls of Fire” y fue jodidamente épico.

Se volvió a presentar Alex, llevaba unos tejanos azules, unas converse compradas hace poco, por lo nuevas que estaban y la parte de arriba de algún chándal con capucha, tenía el pelo largo casi por los hombros, se inclinó saludando e invitándome a brindar nuestras bebidas y sentándose en nuestra mesa (es algo normal en este sitio, ya que no hay mucho lugar donde aparcar el culo disponible y normalmente siempre se busca alguna silla libre, ya sea en la mesa de alguien o en los codiciados taburetes de los lonely artist).

La primera vez que hable con él no me pareció un mal tipo, tocaba el saxofón, estaba trabajando de arquitecto de no sé qué, o eso es lo que entendí, sinceramente no le preste mucha atención hasta que, a medida que avanzo la conversación, dejó bien claro de manera muy sutil que estaba saliendo con Judith, pero estaban teniendo un bache, parecían una de esas parejas de ni contigo ni sin ti, y la verdad es que pegaban bastante, su visión del mundo era bastante similar, lo que me hizo preguntarme si realmente los dos pensaban así o antes uno de ellos miraba la vida de otro color que no fuese el negro carbón ese que parecía nublarles los ojos.

¿Qué tal? ¿No habrás visto a Judith por aquí? –comento Alex sonriendo.

Pues me acabo de tropezar con su moño hace unos minutos, pero no me fije donde iba.

Presente a Alex y a Lidia, es lo peor que pude hacer, ya que ahora tenía dos personas traduciéndome los bemoles mayores de los cojones, me saturaron la cabeza de tal manera que decidí salir a fuera a tomar el aire y acabarme mi cerveza tranquilo.

Me dio hasta gustazo respirar el aire de mierda de Barcelona, le pegué un trago a la birra y cuando me quise dar cuenta Judith estaba a mi lado fumando su cigarrillo Camel Light y tirando el parche de nicotina al suelo, no sé cuánto rato llevaba allí o si yo me puse a su lado, pero me hizo gracia.

Tu novio y mi amiga me tienen la cabeza frita con la música, como se complican la vida, con lo fácil que lo veo yo, o me gusta o no me gusta, coño, ¿es como un coche no? A quien le importa como funcione mientras funcio… -y me corto.

¿Mi novio? –dijo Judith

ByJG

Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.

Deja volar tu imaginación ¡Exprésate!

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