La autopista de sus piernas

Seamos sinceros, no me conocéis y yo tampoco os conozco a vosotros, así que nos importamos una mierda, por tanto creo que somos las personas indicadas para contarnos lo que nos salga de las pelotas.

No soy el prototipo perfecto de hombre, incluso me atrevería a decir que no soy ni el prototipo de mí mismo, pero ya sea por mis palabras, por las clases de baile mal aprendidas o por el veneno liquido ese, con sonrisa de camarera falsa incluida, que venden escandalosamente caro (tanto el alcohol como la sonrisa), Cristina accedió a ir a cenar conmigo dentro de un par de noches. Vagamente recuerdas la sensación de esos nervios que te muerden los intestinos, ahora la única sensación incomoda que tengo es provocada por una erección que hace que me molesten los malditos pantalones y me recuerda la parte que más me gusta de ella, esas nalgas tersas y firmes que atraían mis manos como se atraen dos polos opuestos, lo que comúnmente se conoce en el lenguaje mundano como “joder, que culo”.

Apoyado en la puerta del copiloto, el ruido de la pisada firme de unos tacones anunciaba que alli estaba ella, en la puerta de su piso de soltera, dirigiéndose hacia su caballero de hoy iluminada por los faros de mi coche cual estrella de cine; un vestido ajustado que no dejaba ningún recoveco a la imaginación y viajando por su autopista de curvas, me detuven en seco en el peaje de unos labios rojo-fuego que se intuían unos besos sin control ni freno, sus ojos negros como el resto de la noche que no alcanzaban los faros del coche, se cerraban a medida que sus labios se abrían para regalarnos el saludo tradicional de besos en la mejilla, donde en mi izquierda me dibujo el primer tatuaje de sus labios.

Llámame clásico, vintage o como te salga de las pelotas, pero yo sigo abriendo las puertas a las chicas y tú que lees esto puede que te sorprendas, pero a mí me sorprende más aun la cara de ellas, atónitas, extrañadas, no entiendo que resulte tan raro mostrar un mínimo de caballerosidad, incluso a veces pienso que estoy equivocado al hacerlo, ya que por la conversa siguiente que sigue, nadie lo hace, pero siempre se les escapa una sonrisa que no tenían ensayada y esa primera sonrisa no tiene precio.

La cena riquísima y el vino blanco de la marca que mañana no recuerdas, son el prólogo del contrato de esa noche, donde cada uno saca su mejor versión de sí mismo, o eso haría yo si tuviese una mejor versión de mí mismo, por desgracia para un servidor y por suerte para ella, yo no vendo algo que no conozco, lo que ves es lo que hay y a ella parece gustarle y a su pie izquierdo, al que parece importarle una mierda donde está el zapato de tacón que lo acompañaba también, acaricia mi gemelo para ir subiendo con picardía, su vestido sube con cariño por su piel caramelo y casi con la misma rapidez que su pie por mi ingle, al ver venir por el cristal al inoportuno camarero, da un giro de cabeza bien estudiado para pedirle la cuenta mientras retira levemente su bien encaminado pie, al asegurarse de que el susodicho trabajador abandona el área de juego pícaro, vuelve a dirigir la desbocada mirada hacia donde debería estar un servidor, para darse cuenta tarde de que mi mano empezó a recorrer la autopista de su muslo derecho, como si me importara menos que nada el exceso de velocidad y en competición con el camarero por ver quien llega antes a su destino, mi mano cruzo el peaje de su tanga y la cuenta llego a la mesa. 

ByJG

Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.

Deja volar tu imaginación ¡Exprésate!

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