El dia de él

El despertador no le sorprendió, aunque lo maldijo igual, ya que gracias a su reloj interno se levantó al baño dos minutos antes de que sonara la alarma y claro eso sentenció a muerte los fantásticos dos más ocho minutitos más de sueño antes de levantarse.

Tras la puesta a punto inicial del cuerpo, la cabeza demandó su ración matutina de café, de doble carga y muy corto, de lo contrario se negaba a darle órdenes a su cuerpo, así que no tuvo más remedio que aceptar el encargo y dirigirse al veterano bar donde suele almorzar cada mañana.

¡Hola cariño! ¿Lo de siempre? –dijo alegremente la camarera.

Que haría yo sin ti, como me conoces –y se dirigió en su rinconcito de barra donde ordenarse el día de hoy.

Uno de esos inapreciables placeres de la vida, preparar el día y sinceramente no parecía muy complicado apenas tenía una reunión que no se tendría que alargar más de una hora y luego podría ponerse con el trabajo útil, detestaba las reuniones con esos trajes caros que dentro llevan personas vacías a juego con su nula empatía por todo aquello que ven por debajo de hombros.

La parte buena fue que esta vez no tuvo que hablar prácticamente, la parte mala es que fue más aburrida que de costumbre. Aunque siempre encontraba la manera de divertirse a costa de la pobre Teresa, una mujer mayor cascarrabias de entre los 90 y muerte que se resiste a jubilarse, eran muchas las bromas a costa de ella, a veces eran crueles, otras se las merecía.

Bueno, si no me necesitáis mas, yo voy a invertir mi tiempo en algo más productivo –dijo mientras recogía su portátil y su iPhone.

Vaya, estabas tardando más de lo normal ya, casi pierdo la apuesta –le masculló su compañero en “petit comité” para que solo ellos pudieran oírlo.

Sabes que la mitad de esa apuesta es mía, vas sobre seguro –le contesto con media sonrisa.

No te vas a escapar tan fácilmente esta vez, puedes elegir entre quedarte aquí con ellos o ir a pelearte con la nueva comercial de telefonía –esta abajo esperando desde hace rato.

Vaya, en ese caso me quedo con la puerta dos, siempre es mejor algo por conocer, disfruta de tu reunión de “Men in black” y vela por los sueños de Teresa, tenemos que desempatar –uno de nuestros pasatiempos era apostarnos al principio de las reuniones si la susodicha se dormía, íbamos empatados ese mes.

Claro, pásalo bien con el nuevo ogro de la telefonía que te espera abajo, yo velare por los dulces sueños de teresa que me harán ganar la próxima comida –dijo un poco más alto de lo normal.

Cabellos de un rubio intenso, ojos bañados en el cielo con un chorrito de mirada decidida, dos gotitas de amabilidad interesada y una media sonrisa pícara que combinaba perfectamente con su vestido de elegante femme fatale, sin duda tenia todos los números para ser la nueva comercial de grandes cuentas, sería una batalla dura.

“Prrrt” –le avisa el móvil de un nuevo mensaje mientras se le acerca la nueva reunión disfrazada de mujer para decirle.

Buenos días, debes ser Jack, por fin puedo ponerte rostro –dijo ella tras presentarse como Laura mientras cortésmente ofrecía su mano.

No tenía por costumbre dar la mano al saludar a una chica, así que, de tal modo, correspondió al saludo de ella, pero al estrechar su mano se inclinó para saludarla con dos besos.

Mientras Laura empezó a disparar su verborrea de comercial, y aprovechando que estaba en piloto automático, leyó el mensaje que le había llegado antes al móvil:

“¡Holiii! ¡Aun no me has dicho dónde vamos a ir L! ¿Una pista? J -como odio los “holi” pensó él.

“Como comprenderás por la gráfica nuestro servicio de 4G es de los mejores que se ofrecen por esta zona, por no decir el mejor, así que…” –continuo Laura.

Disculpa, sois los terceros, mira esa gráfica que tienes no muestra los resultados reales, aquí tienes una hecha por una empresa externa de coberturas que muestra el alcance real de vuestra red 4G… -la cortó el prosiguiendo su explicación y acabándola rogándole que no le hiciera perder el tiempo.

Laura frunció el ceño intentando evitar su descontento, era buena, lo hizo de manera muy sutil y sorprendentemente coqueta.

“¡Holiii! No” –contestó al fin el mensaje.

Llego el momento de recorrer las ancestrales calles de Barcelona serpenteando el camino a casa, la caravana a esas horas es insoportable y no iba a llegar a la hora que habían quedado, pero música, menos mal que estás tú.

No le costó nada decidir que ropa ponerse, unos tejanos quebrados por la rodilla izquierda, sus queridas botas negras y su camiseta blanca, cogió la chaqueta y ya estaba listo, se encaminó de nuevo al coche y se dirigió a casa de ella.

Ding, Dong –Picó al moderno timbre recientemente instalado. Y mientras bajaba surgieron…

No debo seguir viéndola, o al final se me escapara de las manos, ya lo he pospuesto demasiado y al final me ganara el pulso, cuando abra la puerta le diré que no quiero verla más.

¿Por qué no lo he hecho antes?

Sí, tiene un físico que desafía las leyes de cualquier ciencia o física, como otros muchos tantos, pero, tenemos mucha química en la cama, eso es deseo ¿estoy aquí por deseo entonces? no, no es la razón por la que estoy delante de su puerta otra vez

Es inteligente, picara y de respuestas rápidas, sabemos cómo jugar con las palabras y hacer que estas bailen sobre cualquier tema, me encanta escucharla y aprender con ella, nos podemos pasar horas hablando, pero no, no estás aquí otra vez porque admire su intelecto, eso es admiración.

¡Maldita sea! No tengo ni la más remota idea de porque estoy de nuevo aquí en su puerta, pero tengo que acabar con esto hoy y…

Ella abrió la puerta y el mundo…se esfumó.

¿Qué tal el día? –dijo ella y entonces supo porque estaba ahí.

Él se acercó con su mano para acariciarla y apartar su pelo, que le impedía dibujar con su dedo esos labios como si fuese el autor de los mismos, sus bocas se entreabrieron tocándose una y otra vez en uno de los mejores rituales existentes, en una erótica competición por quien se ganaba el título de más lascivo.

Ella se separó un momento para coger aire y soltó un desbocado gemido, mientras notaba como la mano de él viajaba por su vestido anhelando tocar su piel, llego a la bien escondida cremallera trasera donde libero el mismo pecado hecho mujer de la prisión de su vestido negro y no tardaron en volver a unir sus labios, aunque esta vez en un beso profundo y lento donde pudieron saborearse hasta que él se detuvo despacio y en un cruce de miradas encendidas dijo.

Ahora bien –contestó él.

ByJG

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Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.