El tren, los ojos verdes y la cartera

Hacía años que no cogía un tren, ya ni me acordaba como eran, mirar por la ventana tiene algo relajante la verdad, ver como incrementa la velocidad manteniendo la mirada fija en la vía es casi hipnóticamente placentero su efecto en mí, para evitar caer dormido, miro quien hay en mí mismo vagón y, por costumbre, intento descubrir por su cara quiénes son o que pueden contarme de ellos mismos, un juego tonto de esos que me encantan, hasta que nos aproximamos a la siguiente parada devolviendo mi atención a la ventana, para ver quien sube o quien baja en este océano de desconocidos, van pasando miradas, unas más altas otras más bajas, algunas realmente dan ganas de preguntarles si las puedes ayudar en algo, otras en cambio te contagian parte de su locura.

Hasta que se cruzan unos ojos verdes como el mar de Venecia, grandes y hermosos, arañe todos los segundos que puede para mantener el contacto y no perderme detalle de esos ojos, pero la inercia del tren y su ventana cumplen perfectamente su cometido, dejándome ver solo una pequeña parte del horrible bolso que la acompañaba, la puertas se abren dejando entrar una estampida de gente, agradezco al destino caprichoso o a cualquiera de los dioses ficticios que dicen que existen, que ese día estuvieran de mi parte, ya que dudo que la propietaria de esos ojos verdes se sentara delante mío por lo comúnmente sorprendente que puede resultar mi iris ocular marrón oscura.

Si el mundo se terminase ahora mismo, me arrepentiría toda la vida de no conocerla, así que se me cayó la primera frase sincera que me paso por la cabeza.

Tienes un bolso horrible y unos ojos verdes increíbles –ahora que los veía de cerca podía ver como ese ese lienzo verde esmeralda se dibujan unos trazos amarillos sin ningún orden.

Es que si no te lo digo reviento –le acabe de decir con una sonrisa.

Ella, disparándome con su mirada, respondió a mi alago, empezando una conversación entretenida saltando de un tema a otro, de vez en cuando se ruborizaba y no la culpo, no podía apartar la vista de sus ojos, descubría nuevos detalles cada vez lo hacía, era como si hubiese un universo ahí dentro y quería explorarlo. El tren llego a la estación y era el momento de seguir mi camino, pero yo quería más.

Entonces según lo que he podido descubrir de ti, aparte de tus ojos que me robaron… ¡la cartera! ¿Y mi cartera? –dije dando un sobresalto

¿La cartera? ¿Mis ojos te robaron la cartera? –contesto sorprendida por el desenlace de la frase.

Efectivamente había perdido la cartera, otra vez…

ByJG

Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.

Deja volar tu imaginación ¡Exprésate!

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