Evadirse

Llevo meses con la cabeza a infinitas al cuadrado revoluciones por minuto, y aunque ya acabé los estudios (al menos durante un tiempo), no puedo evitar llevar el piloto automático, absorbiendo y analizando cada pedazo de información que me llega, sinceramente me gusta mantener la cabeza enfocada en algo, pero creo que me he olvidado de desconectar, pero de desconectar de verdad.

Es agobiante, así que decidí aparcarme en algún bar tranquilo, suponiendo que buscaba eso, tranquilidad, relajación o un pequeño oasis donde poner los pensamientos en orden y poder saborear un cappuccino doble, que por supuesto, ya sabía dónde me lo tomaría, solo que esta vez no escribiría nada, me llevaría un buen libro y al menos, si no conseguía poner orden en lo que sea que este desordenado dentro de mí, leería algo de ese tal Richard K. Morgan.

¿Nunca os ha pasado que no entendéis una cosa y por mucho que os la expliquen no acabáis de comprenderlo? Es frustrante, y yo al menos me siento un completo idiota, venga a darle vueltas y al final acabas por mandarlo a la mierda o dejarlo estar, pero de golpe un día, alguien te lo explica o simplemente lo vuelves a mirar tu por tu cuenta y como una revelación, entiendes todo lo que no había manera que comprendieras antaño y lo ves tan simple que tú mismo te extrañas como no pudiste entenderlo antes. Pues algo parecido me había ocurrido con la frase siguiente…solo que no me daría cuenta hasta más tarde.

Realmente los seres humanos somos unos mamíferos raros, “se supone que somos simios inteligentes y sin embargo siempre queremos lo mismo, comida, cobijo, sexo y en todas sus formas, evadirnos”.

La boca aun me sabe a la explosiva mezcla de sexo y alcohol, entra una luz tan tenue como tímida por la ventana que apunta a mis piernas entrelazadas entre sabanas y el cuerpo de Eva, la cabeza de esa chica descansa en mi pecho y aunque según la normativa de las borracheras épicas y su posterior resaca no debería acordarme de nada, me acuerdo de todo, cosa que sinceramente me gusta.

Recuerdo el primer beso cordial a las puertas de la cafetería, donde anteriormente me regalo su teléfono, del precio de las entradas del cine y las escenas de sexo edulcorado para quinceañeras de un tal Christian Grey, de sus labios brillando por el dulce de las palomitas, me vienen a la memoria sus “¡No me mires así!”, sus sonrojos, incluso puedo saborear el vino blanco de la cena y el primer intercambio de saliva de nuestras lenguas.

Me acuerdo de las conversaciones contradictorias que iniciaron auténticas batallas dialécticas donde ambos dispararíamos nuestros ideales en una verborrea de opiniones que lleváramos razón o no, nos importaba lo más mínimo, ya que ambos buscábamos lo mismo, desconectar un rato del mundo, sin selfie de Instagram que inmortalice esto, sin mensajes de WhatsApp del sexo de ayer, sin que google ni nadie sepa que, donde y como estoy, en definitiva, sin el mundo.

Y así acabamos en su cama, sé que hubo sexo, pero no sé si fue bueno o no, sé que me divertí y mucho con Eva, y se, que tenía que salir de allí, estaba incomodo por no haber conseguido ni un objetivo de los que me marque el día anterior, quería ordenar mis pensamientos y al final acabe desordenando el cuarto de aquella chica.

Me puse con cuidado los pantalones, o al menos lo intententé, ya que el equilibrio no es muy buen amigo mío, así que la visita al maldito y congelado suelo fue inevitable; por suerte la bella durmiente llevaba una resaca considerable y ni se inmutó, decidí acabar de vestirme en el suelo, de ahí seguro que no podía caerme otra vez, o si, si me lo propongo… ¡Ya! Vámonos de aquí.

A punto de salir por la puerta di un último vistazo al bonito loft para ver a Eva dormida y susurrarle para mis adentros una disculpa por irme así, nunca lo había hecho y me sentía aún peor por ello.

Al menos le dejaré un mensaje” –decidí con mis huevos toreros, en aquel momento no supe si lo hacía por ella o por mí.

Siento la huida ninja, no quería despertarte” –fue la mierda más grande que se me ocurrió para escribirle.

Al salir del edificio, tuve un rato largo andando hasta el coche, y claro uno piensa…demasiado.

“Realmente quería quedarme ahí, hacer lo de siempre, te levantas, te ríes, haces un almuerzo y una ración de sexo matutino entre café, zumo de naranja y tostadas con mermelada. Pero la noche fue muy bien, no conocía a esa chica de nada y quería que siguiera siendo así, simplemente nos bañamos cada uno en el desorden del otro y fue divertido. Quiero que se quede en eso, sin ¿Que somos?, sin querer dar siguientes pasos. ”

*Beep, Beep* -me aviso el móvil en el bolsillo de la chaqueta.

El mensaje no os lo escribiré, me permitiréis guardarme algo para mí.

Eva me invitaba a volver a desorganizarnos en nuestro desorden otro día, sin más intenciones que pasar un rato divertido compartiendo la locura de dos simios inteligentes que en algunos momentos de nuestra rutina buscamos solamente eso, evadirnos.

¿Y sabéis que? Me pareció una grandísima idea.

ByJG

Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.