Inexplicablemente, Carla – Parte II

Hacia demasiadas caricias que jugábamos con nuestra libido y esta estaba por derramarse de nuestro control en cualquier momento, en una excelente maniobra por su parte, en el tiempo que Alicia y Raúl acercaban unos vasos de cóctel (y las demás no sé qué hacían pero poco nos importaba), aprovechó que mi mano con el índice por lanza, cabalgaba decidido hacia su sonrojada mejilla izquierda cargado de chocolate, ella giró la cabeza levemente mientras sus labios se separaban para que mi dedo cruzara el umbral de esos húmedos labios y callera en su deliciosa trampa, donde resbalo hacia su juguetona lengua, que se movía inquieta lamiéndolo con un ímpetu desatado, mi imaginación se alió con ella, me traicionó, provocándome un erección al instante, que tendría que ingeniarme en disimular, saque el indice de esa deliciosa fuente de pensamientos lascivos y su lengua recorrió la totalidad de sus rojos labios para acabar mordiéndose el inferior, dibujando una sonrisa burlona, delatora que disfrutaba el castigo que me estaba poniendo, y para que engañarnos, yo también.

¿Te pongo? –me dijo Alicia por cuarta vez acercando la botella de nuevo hacia el vaso que ahora ocupaba el lugar donde estaba mi plato.

¡¿Cómo?! –sí, fue la peor pregunta posible en el momento más confuso para hacerla.

¡¿Qué si te pongo Ron?! ¡Vaya cara! Parece que hayas visto un fantasma, llevo un rato preguntándote, que como dijiste que a ti el ron legendario te gusta de no sé qué manera comentaste antes, me pregunté, “A lo mejor se lo quiere hacer el” –recalcó Alicia, al ver que parecía que estuviera en modo avión o fuera de cobertura y así era.

¡Ah! ¡Sí, claro! Yo me lo preparo, ¿queréis probarlo a mi manera? –respondí todo lo hábilmente que pude.

¡Yo me apunto! –dijeron a la vez Alicia y Raúl. ¡Ponme…uno! –dijo aguantándose la carcajada Carla sin éxito.

Es sencillo, normalmente lo complicado de los cócteles es pillarles ese punto exacto donde el alcohol no molesta y el sabor se nota, claro, depende mucho de la persona, de sus gustos, con este ron, eso no pasa, si le cuadras la medida exacta. –dije mientras iba echando ron en mi copa a modo de muestra.

El elixir cubano iba escalando por el vaso cristalino del mismo modo que la mano de Carla por mi pierna derecha, para detenerse, el ron a un poco más de la mitad del cáliz que lo retenía y ella a dos dedos de mi ingle.

¡Aquí tenéis! –dije acercando la bebida a los dos anfitriones de la casa.

Cogí dos copas y mientras daba un sorbo corto, los dos mantuvimos la mirada uno al otro, sabía que los dos pensábamos lo mismo, lo único que me preguntaba era a quien de los dos se le ocurrían mas pecados para cometer en el cuerpo del otro, al quedarme a dos miradas de distancia, le acerqué su bebida a la chica propietaria de esas malditas y benditas torturas.

No prometo no ser demasiado mala contigo, es muy divertido.  –dijo ella jugando con las palabras mientras aceptó el ofrecimiento con una pícara sonrisa acercando sus labios a la copa, momento ideal que aproveche para poder susurrarle al oído.

Acepto el reto, y por favor, no te cortes. –el aire provocado por mis palabras rozo sus oídos y fui desplazando mis labios acompañados por respiraciones confundidas que, a esa distancia, incitaban a besarse sin control ninguno.

Yo prometo ser todo lo malo que pueda contigo” –susurré.

Nos dejamos llevar por el imán que parecían tener nuestros labios, que al milisegundo de tocarse esquivaron su destino para quedarse a la altura de nuestros cuellos, donde ella aprendió que las mordidas también pueden ser dulces y Alicia descubrió que en aquella cocina…

¿Interrumpo algo? –dijo con tono burlón Alicia.

ByJG

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Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.