Sexo

Hizo saltar los botones de mi camisa, que salieron disparados en todas direcciones, nuestra sonrisa delatora y esa mirada de sexo dibujadas en el rostro, hacían evidentes las ganas de devorarnos ahí mismo, y eso hicimos.

Pero ahora era mi turno de pelearme con su ropa, así que mis manos obligaron a esos húmedos labios a encontrar el camino hacia un vibrante beso, donde mi lengua luchó contra la suya en una batalla por callar los jadeos del otro.

Mis dedos se deslizaron por las solapas de su camisa azul cielo, hasta que llegué a la altura perfecta donde pude agarrarlas con firmeza, estiré con fuerza y sin ningún miramiento esa prenda de ropa que ahora mismo era mi más absoluta enemiga, sus botones explotaron despedidos hacia me da igual que parte y un bonito gemido de ella nos recordó que debíamos respirar un segundo, para que se acabara de desprender esas prendas molestas que oprimían nuestros mas básicos instintos.

Nuestra ropa caía sin orden por el cuarto de no sé qué familiar suyo, poco importaba, mi mano bajo por su suave piel hasta su pubis y justo antes de llegar a él me detuve para empujarla levemente hacia atrás, ella adivino mis intenciones al instante, apoyo sus tersas nalgas en la rustica mesa a sus espaldas y me abrió de par en par el camino para recorrer con mi boca desde sus labios hasta su sexo, allí encontré la entrada a su tibia y húmeda cueva, poniendo mi lengua en su interior y saboreando tanto como un gato hambriento lamiendo un plato de crema, sin perderse una sola gota.

Ella gimió y se arqueo, sus manos viajaron a mi cabeza presionando con fuerza, su cintura se movía más rápido y con fuerza contra mi lengua, hasta que un gemido animal se le escapo y reposo las piernas en el suelo.

¡Oh Dios mío!” –exclamó, mientras cogió mi pene y lo acercaba hacia ella mientras lo subía y bajaba, alternando miradas como si no nos fuese a ver nunca más.

¡No puedo más!” –sentencio, dándose la vuelta dejando ver sus perfectas nalgas que conjuntas revelaban una sorprendente obra de ingeniería genética. Me miro con la más perversa cara vista en la vida y me quedo muy claro lo que me estaba pidiendo, pero me permití ser un poco…

¡Cabróóónnn…!” –dijo al introducir mi glande en ella lo más lentamente que pude, los segundos le parecieron minutos, los minutos horas, arqueaba y empujaba hacia mí en un hermoso desespero por sentirme dentro completamente, pero mis brazos agarraban sus nalgas para frenar su deseo animal…y ella me odió y me amó por eso.

ByJG

5 (100%) 1 vote

Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.