La reflexión del Capuchino

Últimamente me ha dado por devorar libros pendientes que tenía aprovechando el nuevo eBook que compre, sumados a los que ya había leído, tenía un buen bagaje para escribir una reflexión que me vino tan inesperada a la cabeza como el capuchino de parte de la camarera a mi mesa.

El sexo nunca ha sabido explicarle sus jugadores la diferencia entre hacerte el amor y follarte duramente con alevosía. Dos caras de la misma moneda que cambiando el rango o el contexto (que no la superficie donde se practique) de la persona que te puso cachondo estas follando o estás haciendo el amor.

El amor se hace en una cama de impecables sábanas blancas, llenas de pétalos de rosa e incienso relajante de extractos de cosas que no has escuchado en tu vida, despacio, con la discografía entera de Pablo Alborán de fondo y jodidamente lento, os miráis y sonreís mientras vuestros cuerpos encajan a la perfección con un mundo que intenta joderos la vida a cada segundo, pero vuestro amor paga las facturas y nada importa más que vosotros dos en vuestro universo.

El sexo en cambio es duro, cerdo, se hace sin contemplaciones ni miramientos, se salivan bien los cuerpos sin apenas juego previo, enfundándose un plástico que marque el pollazo de salida para satisfacer las ganas desmesuradas de follarse hasta el último orgasmo, mientras escuchamos AC/DC y tu agarras las sabanas como una gata en celo, yo me cuelgo de tu pelo para dar más impulso a mis embestidas y las palabras más cerdas son eyaculadas de nuestras bocas mostrándonos los guarros, descerebrados e incapaces de amar que somos.

¿Vaya maldito panorama no? La sociedad te regala, tan democráticamente ella, dos opciones, follar o hacer el amor y no permite que este bien visto poder follarme a mi pareja y hacerle el amor a una desconocida. (Ojo, no estoy hablando de infidelidades, no me paséis a la defensiva).

Las limitaciones morales obsoletas que arrastramos de generaciones pasadas, nos vienen señalando el camino de ideales que tenemos que seguir consumiendo como burros para encajar es este mundo borracho de perversiones que todo el mundo comete, pero nadie se atreve a contarlas o explicarlas por el miedo a que pensaran el vecino, mi mejor amiga o la camarera del bar que trajo el capuchino.

Creo firmemente que cualquier mujer puede ser pervertida y jodidamente sexy si ella misma se lo permite, se quita la máscara y rompe el cascaron de prejuicios sociales que la envuelve, creo que se puede hacer el amor y follar muy duro, pero también afirmo fervientemente que se pueden hacer las dos a la vez y con quien tú quieras.

ByJG

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Me declaro fan incondicional de escribir, todavía no sé si para ti que lees este blog o para mí, ya lo descubriremos. Un brindis por las sabanas revueltas, por las cañas con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también), por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por las patatas bravas, por AC/DC, por los viajes improvisados y las cosas complicadas, por los polvos mañaneros y por el cigarrito de después.