La sonrisa de Susana, Parte 1

Lo segundo que te viene a la cabeza cuando entras por primera vez a una clase de salsa cubana, es porque diablos te apuntaste, en mi caso fue por la respuesta automática a la pregunta que llena de valor al más cobarde de los hombres, “no hay huevos a…

Pues sí, había caído en la trampa de Cristian, mi amigo latino que lleva el ritmo en cada parte de su cuerpo, asi que me apunte a las clases de salsa que daba su hermano; allí llegue yo dispuesto a desafiar al profesor Samuel con mi arrítmico baile, desarrollado y perfeccionado en noches de prácticas en las barras de los bares con los intermitentes puestos, perfecto, estaba todo listo, ¡let’s go to the dance floor madafackaaa!

Yo hablo por los codos, (si no de que tendría un blog) y antes de empezar la clase, el cabrón bueno de Samuel ya me advirtió que tendría deberes durante la practica de baile, “cortesía de tu amigo Cristian“, que bien sabe que me encantan estos juegos tontos; consistia en que no podía hablar mientras bailo una vez recibiera la señal que acordamos (el baile hay que sentirlo, disfrutarlo, según decía el, hablando no vas a poder hacer eso y ambos sabemos porque lo haces (Touché)).

Un, dos, tres, cinco, seis, siete, era la única canción que íbamos a escuchar hoy a ritmo de nuestros pasos y en 3 idiomas distintos, parecíamos unos soldados marchando por un campo de minas, llego el momento decisivo de bailar en pareja, mientras yo me mantuve a la espera, la gente empezó la carrera por satisfacer sus exigentes gustos a la hora de con quien bailar y en ese momento se revelo el motivo que escondía cada uno a la hora de apuntarse a bailar; practicando lo aprendido y visto lo visto, no era el más torpe, pero seguía de cerca al top uno de la clasificación, entonces me acorde de lo primero que te viene a la cabeza cuando entras por primera vez a una clase de salsa. Y entonces recibí la señal de Samuel.

¡Hacer el favor de mirar a la chica a los ojos! No apartar la mirada. –fueron las, para todos, incomodas palabras del profesor. Entonces llegó el turno de bailar con la sonrisa de Susana y maldije a los dos hermanos.

ByJG

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Me llamo Jack Gable y quiero proponer un brindis por esas sabanas revueltas, por las cañas de ayer con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también) en aquella barra del bar, por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por esas riquisimas patatas bravas, por AC/DC, por esos viajes improvisados y las cosas complicadas, por esos curativos polvos mañaneros y por ese cigarrito de después.