Inexplicablemente, Carla – Parte I

Tiempo atrás me resultaba imposible creer como podías llegar a sentir tal atracción por una persona así, porque si, sin ninguna explicación, sin lógica ni sentido ninguno, pensaba que eso solo podía pasarte en las relaciones serias, tal era mi creencia ciega en ese ideal, que tenía explicaciones para casi cualquier argumento que intentara desmontarme mi visión sobre ello, pero ninguna explicación o argumento me sirvió con Carla.

Conocí a Raúl y Alicia esa misma tarde a las puertas de una juguetería para adultos, (donde además me compré un huevo vibratorio y ellos por curiosidad se llevaron otro) hacían una pareja estupenda y se ofrecieron a darme unos consejos sobre lugares que no debería perderme si decidía viajar a Japón, empezamos hablando de ello como es lógico, pero resultaron ser dos personas con las que congenias al momento y al final los supuestos consejos turísticos acabaron en un copeteo sano y divertido.

¡Vaya se está pasando la tarde volando! ¡Voy a llamar a Carla y las demás para que se vengan y vamos a casa que habíamos quedado todos para cenar! –le dijo Alicia a su novio que estaba contándome una anécdota de su viaje a Japón.

Este asintió con una sonrisa y me invitaron a venir a cenar con ellos, accedí y seguimos hablando hasta que un grupo de tres chicas entro por la puerta, efectivamente, eran las demás y Carla, mantuvimos el contacto visual hasta que se iniciaron las presentaciones, no podía apartar los ojos de ella y a ella parecía pasarle lo mismo.

¡Carla, él es Jack, Jack, ella es Carla y las demás! –en verdad, dijo el nombre de las otras chicas, que resultaron ser las mejores amigas de Alicia de la universidad, pero mi cabeza lo resumió así.

Tras nuestro “un placer” unísono, nos intercambiamos dos sonrisas y proseguimos el copeteo, entre bromas, sonrisas, piropos y todo con la excusa de estudiarnos mutuamente como si luego tuviéramos un examen del que no podíamos escapar, y sinceramente, nos moríamos por presentarnos.

ByJG

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Me llamo Jack Gable y quiero proponer un brindis por esas sabanas revueltas, por las cañas de ayer con amigos, por las miradas de reojo (y de las otras también) en aquella barra del bar, por los álbumes de fotos que se hacen con los ojos, por esas riquisimas patatas bravas, por AC/DC, por esos viajes improvisados y las cosas complicadas, por esos curativos polvos mañaneros y por ese cigarrito de después.

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